La Realidad Quiere Ser Libre

Steward Brand dijo en 1984 una frase que ha quedado estampada en la memoria de la sociedad contemporánea: “la información quiere ser libre” (“Information wants to be free”). Con esto, Brand quería hablarnos de la tensión permanente en torno al fenómeno de la información: lo que podríamos llamar su “voluntad” o “naturaleza” libertaria versus el valor económico que ella representa.

La frase es hoy más vigente que nunca. La actual situación de choque entre la realidad mediatizada, las leyes que limitan el acceso a la información y ponen en manos de privados el control de los datos compartidos (como la ley Sinde, en España, y otras similares alrededor del mundo), las leyes y los promotores de la neutralidad en la red y de la libertad de expresión, los conocidos esfuerzos de Wikileaks y otros defensores de la información abierta, compartida, libre y disponible, y otras pequeñas grandes e irrefrenables revoluciones que se dan día tras día en torno a las microfísicas de la información y el poder y sus reacciones, nos obligan a pensar en la realidad – en cómo vemos, percibimos, compartimos y comerciamos con ésta, en tanto que espacio mediatizado, en el que participamos de forma remota, es decir, a través de intermediarios -como el último campo de batalla a favor de la libertad.

El documental no necesita ser veraz, no nos engañemos. Pero el documental es, inexorablemente, realidad. Es una realidad. Es una mirada particular en torno a lo que está ocurriendo allá afuera, en el mundo. Hoy, en oriente y occidente, muchos estados buscan “provincializar” a sus poblaciones. La globalización accediendo crecientemente a todos y cada uno de los espacios culturales ha demostrado ser un arma de doble filo para poderes e intereses globales y locales. La globalización ya no se trata de un fenómeno concerniente sólo a las grandes interacciones comerciales que fueron su punta de lanza. A través de ella, la información ha ido demostrando su naturaleza libre.

Los noticiarios hoy en día nos muestra casi exclusivamente noticias locales, y lo que viene de afuera se reduce a contenidos patrocinados, empaquetados, etiquetados. La televisión se ha vuelto en importante medida un mero seleccionador de contenidos tutelados. Y eso en el mejor (y menos paranoico) de los casos. El documental, por otras parte, es uno de esos privilegiados espacios donde la información expone su voluntad de ser libre, y nos permite ver esas miradas que no tienen cabida o que escapan de lo habitualmente mostrable en los medios masivos, no por ser poco interesantes o irreales, sino que al contrario: por ser reales, a veces dolorosamente reales, pero también esperanzadoras, cautivadoras, provocativas. En suma: porque amplían las fronteras del mundo en que vivimos. El documental hace que nuestras cosmovisiones crezcan. El documental enseña a ver. El documental es placentero porque conocer es placentero. El documental es entretenido y estimulante, porque saber lo es. El documental es libre, porque la realidad, como la información, quiere ser libre. Todas las realidades quieren ser libres.



Rubén Santander
Director de Contenidos Surdocs 8